[DECLARACIÓN] “Somos trabajadores. No somos esclavos. ¡Todos los trabajadores, uníos y luchad!”

*traducido usando IA

 Alianza Internacional de Migrantes
8 de abril de 2026

Mientras nos preparamos para celebrar el Día Internacional del Trabajo, escúchennos a quienes somos migrantes, refugiados y personas desplazadas, a quienes los gobiernos y la pobreza obligaron a dejar nuestros hogares, quienes trabajamos pero recibimos menos, quienes nos esforzamos en las condiciones más duras. Seguimos resistiendo las violaciones que se intensifican contra nuestra existencia cada día.

Formamos parte de la clase trabajadora. Nuestro trabajo sostiene economías en todo el mundo: en la agricultura, la construcción, el trabajo de cuidados, la hostelería, la navegación marítima y muchos otros sectores esenciales. Sin embargo, a pesar de la importancia de nuestro trabajo, los empleadores y los sistemas nos tratan como mano de obra barata, desechable y reemplazable.

Conocemos esta realidad de primera mano. La pobreza, la guerra, la falta de tierras, los desastres climáticos y las políticas neoliberales adoptadas por nuestros gobiernos nos empujan fuera de nuestras tierras. La necesidad, no la elección, nos obliga a migrar. Y cuando llegamos a los países de destino, los gobiernos y empleadores nos colocan en los trabajos más precarios: bajos salarios, contratos inseguros, lugares de trabajo peligrosos y sin protección social.

Entre la clase trabajadora, quienes están en el poder nos colocan en la posición más baja, como una subclase dentro de la clase trabajadora. Nuestro estatus migratorio nos define, y las autoridades lo utilizan en nuestra contra: para silenciarnos, para impedir que nos organicemos y para mantener bajos nuestros salarios. Enfrentamos largas jornadas laborales, condiciones de trabajo peligrosas y la amenaza constante de detención y deportación. Abusadores, traficantes y explotadores niegan a muchos de nosotros el acceso a la justicia cuando nos maltratan, trafican o explotan.

Propagandistas y políticos nos culpan por crisis que no creamos. Nos dicen que quitamos empleos a nuestros hermanos y hermanas locales, que sobrecargamos los servicios públicos, que causamos problemas sociales. Pero sabemos la verdad: un sistema que prioriza las ganancias sobre las personas causa estas crisis. El mismo sistema que nos explota también explota a los trabajadores locales.

Trabajamos a su lado; sufrimos de los mismos explotadores. Compartimos la misma lucha. Quienes están en el poder utilizan las divisiones entre nosotros—género, nacionalidad, estatus “legal”—para mantenernos divididos. Un ataque contra los migrantes es un ataque contra toda la clase trabajadora.

En todo el mundo, los Estados y las autoridades criminalizan, detienen y deportan a migrantes y refugiados. Nos someten a perfiles racistas, violencia y tratos inhumanos. Los gobiernos utilizan centros de detención, militarización de fronteras y leyes antimigrantes para controlarnos e intimidarnos.

Pero nos negamos a vivir con miedo. Nos negamos a permitir que nos silencien. Debemos unirnos. Nuestra lucha como migrantes y refugiados forma parte de la lucha más amplia de todos los trabajadores del mundo. El sistema que nos obliga a migrar es el mismo sistema que explota a los trabajadores en todas partes. Por eso, nuestra liberación forma parte inseparable de la liberación de toda la clase trabajadora.

Hacemos un llamado a nuestros compañeros migrantes, refugiados y trabajadores a mantenerse unidos y luchar por nuestros derechos y dignidad. Debemos organizarnos en nuestros lugares de trabajo, en nuestras comunidades y más allá de las fronteras. Debemos apoyarnos mutuamente y construir solidaridad en la acción.

Juntos, podemos luchar por salarios dignos, condiciones de trabajo decentes y acceso a servicios sociales gratuitos. Juntos, podemos resistir las deportaciones, la detención y todas las formas de represión estatal. Juntos, podemos combatir el sistema que nos explota y nos divide.

Debemos fortalecer nuestras organizaciones y alianzas. Debemos construir unidad entre migrantes y trabajadores locales, entre trabajadores y campesinos, y con todos los sectores oprimidos de la sociedad. A través de la acción colectiva—protestas, campañas, organización y educación—podemos enfrentar la explotación donde ocurre y actuar en el momento oportuno.

Nuestras luchas en distintos países están conectadas. Lo que enfrentamos en un lugar forma parte de un sistema global. Por eso también debemos construir solidaridad internacional—vinculando y coordinando nuestras luchas locales contra toda explotación y opresión.

También alzamos nuestras voces contra las causas profundas de nuestro desplazamiento. Nos oponemos a las guerras, ocupaciones e intervenciones que destruyen nuestros hogares y nos obligan a huir. Nos oponemos a las políticas económicas que empobrecen nuestras comunidades, saquean nuestras tierras y recursos, y nos empujan a migrar. Exigimos justicia climática para quienes son desplazados por la destrucción ambiental.

En este Primero de Mayo, elevamos nuestras demandas colectivas:

  • Somos trabajadores, no esclavos: respeten nuestros derechos y dignidad

  • Salarios dignos, protección social y condiciones de trabajo seguras para todos

  • Fin a las deportaciones, la detención y la criminalización de migrantes y refugiados

  • Respeto a nuestro derecho a organizarnos, sindicalizarnos y expresarnos

  • Fin al racismo, la xenofobia y los ataques fascistas contra migrantes y pueblos marginados

  • Responsabilizar a gobiernos y corporaciones por violaciones de derechos humanos y ambientales

  • Oponerse a guerras, sanciones e intervenciones que obligan a las personas a migrar

  • Rechazar políticas estatales que desplazan comunidades y mercantilizan el trabajo migrante

  • Justicia climática y protección para las personas desplazadas

  • Migrantes y todos los trabajadores unidos en una lucha común contra la explotación

No tenemos nada que ganar con la división—y todo que ganar con la unidad. Mantengámonos firmes juntos como una sola clase trabajadora. Preparemos nuestras filas estudiando nuestras condiciones y las de otros trabajadores. Construyamos cooperación con otras organizaciones de trabajadores migrantes y locales. Organicémonos, resistamos y luchemos por un futuro donde nadie sea obligado a abandonar su hogar, donde nuestro trabajo sea valorado y donde la dignidad y la justicia no se nieguen a nadie. Preparémonos para llenar las calles y los lugares de trabajo este Primero de Mayo.

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